Malí 10, País Dogon VII: Danza de mujeres y navidad en Djiguibombó

Venimos de presenciar la Danza de Máscaras Dogon en Begnematou, un pueblo sobre el Acantilado de Bandiagara. Volvemos a pie hasta Dioundourou para recuperar la camioneta que dejamos en el Albergue Rasta de Mamadou y volver a Djiguibombó, pueblo natal de nuestro amigo Djibril donde ya hemos estado.

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Volviendo a Djiguibombó
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Las casas apenas se vislumbran en la penumbra

Esto es un largo trecho en la arena para después subir un camino asfaltado de varias curvas. La noche está tan oscura que somos un farol atravesando el desierto. La vida social por estos lados se guía por la luz del sol y ahora todo está como cualquiera de las noches previas, tranquilo. Los pueblos envueltos en un silencio prolongado que se rompe con el estruendo al paso de nuestro motor.

Llegamos a Djiguibombó y nos vamos a lo de unos conocidos a cenar. Para la religión Dogon el 24 de diciembre no significa nada aunque saben de su existencia. Para mí tampoco es gran cosa la navidad, pero imagino a mi familia en mi Montevideo natal, la ciudad probablemente envuelta en su frenesí preparándose para festejar bajo unos 35° de calor. Me ataca algo de añoranza. Así que, ¿por qué no considerar esta cena como un festejo? Un buen couscous y un poco de whisky vendido en sachets de plástico de 250ml.

Después salimos a caminar hasta la iglesia del pueblo, dónde los católicos festejaban. La misa ya había terminado y encontramos a los fieles cantando y bailando en la puerta. Un par de Tam Tam sonaban mientras el resto cantaba a coro y bailaba formando un círculo. Las únicas luces son las linternas manejadas por manos danzantes que iluminan en concreto alguna cara, una piedra, un verso.

Una ronda musical con los pies descalzos en la tierra. La noche, el canto y la música abrazan el alma.

Al otro día hubo una Danza de Mujeres en el pueblo. No es tan estricta en sus formas como la de las máscaras, algún hombre también baila. Los tambores empiezan a sonar de a poco, como calentando, llamando al baile. Las mujeres se van acercando. Poco a poco se forma el círculo y cada una tiene su momento, a veces de a dos. Las más pequeñas van ensayando sus pasos.

Fue bueno presenciar este momento de expresión de las mujeres. Es difícil de entender y aceptar varias diferencias y divisiones que hay entre hombre y mujeres, dentro de la cultura Dogon así como en el resto de Mali (y en Occidente también). No pueden por ejemplo ser Griot («liderar» una familia), o participar de ciertos rituales como la Danza de Máscaras y a nivel nacional hay varias leyes influenciadas por el Islam que las excluyen. Eso sumado a la desigualdad respecto a los hombres que existe a la hora de poder estudiar, trabajar o proyectarse en cualquier sentido propias del capitalismo patriarcal. El hombre lidera las comunas, las familias, eso es bastante evidente al menos para el que lo ve de afuera. En el día a día, el hombre depende bastante de la mujer, ellas siempre están activas.

¿Habrá algo más allá de lo evidente? Espero que sí, al menos tengo esa sensación después de todo este tiempo en que estuvimos aquí. No he entrado tanto en confianza cómo para saber más sus puntos de vista sobre su propia sociedad. Tampoco se los hemos cuestionado demasiado a los hombres. No hemos cuestionado nada en verdad. Ni los roles mujer/hombre ni nada. Solo investigamos lo que hacían o creían .

Indagar sobre las percepciones de las mujeres Dogon sobre su propia sociedad sería realmente interesante y sin dudas enriquecedor. En principio no era el objetivo del viaje aunque debo decir que ganas no me faltaron. Justamente es quizás lo que falta en todo este compendio de crónicas.

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Track incluido en la banda sonora «Entre Dogones y Griots» del documental «El Canto de los Dioses»

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