Malí 4, País Dogon I

A partir de este artículo cuento el viaje en la zona de los Acantilados de Bandiagara, cerca de la frontera con Burkina Faso. Visitamos varios pueblos de la etnia Dogon arriba y abajo del farallón para investigar sobre sus rituales religiosos y la importancia de la música en ellos. También conoceremos su organización social, historia y cultura.

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Camino de Bandiagara a Bankass, en plena región Dogon

SEVARE

Tras la estadía en Ségou, conducimos todo el día por la ruta nacional N6 y llegamos a la ciudad de Sevare en el momento en que el sol se escondía tras las casas. Djibril nos da un punto de encuentro cerca de un cuartel militar del G5 Sahel. Un recinto de muros altos y blancos, con alambrado de púas espiralado encima de los mismos y una torre de control. Dice que estará con un gorro típico dogon, que nos daremos cuenta cuando lo veamos. Así fue.

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Djibril con su gorro Dogon a los pies de un Baobab

Salimos un poco de la zona urbanizada a otra más descampada con algunas casas distanciadas. La tierra es seca y empedrada aunque a unos 300 metros se ve el río Níger y una plantación de arroz en su costa, una planicie verde. Del otro lado se perciben las luces de la ciudad de Moptí. Djibril nos habla del conflicto de tierras que existe entre agricultores sedentarizados y los pastores Fulani, un pueblo nómade hermanado (y rivalizado a veces) con los Dogon. Esa noche dormimos en la casa del padre de Djibril.

BANDIAGARA

Al otro día fuimos a la ciudad de Bandiagara y mientras circulábamos por el centro un policía en moto nos intercepta y nos pregunta qué estamos haciendo. Le explicamos que estamos yendo hacia los pueblos que hay en dirección Bankass, bajando el Acantilado de Bandiagara. Nos pide de acompañarlo a la comisaría. Allí hablamos con el oficial a cargo quien dice que le debemos de avisar de nuestros movimientos por un tema de seguridad. Nos retuvieron con conversaciones un buen rato hasta que intercambiamos teléfonos, agradecimos y nos fuimos.

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Circulando por Bandiagara

Almorzamos un couscous en un taller de herrería y carpintería de un tío de Djibril. Después tomamos el camino que lleva a la ciudad de Bankass. Tengo esa sensación de ir «tierra adentro«. Atento a todo lo que ven mis ojos, tratando de absorber al máximo.

El camino alterna entre pedregullo, puentes de piedra sobre riachuelos, otros de asfalto. Las plantaciones de cebolla son rincones fértiles entre las rocas y la arena. Belleza de espectáculo. Estamos en estación seca, diciembre. Al borde del camino veo carteles de ayuda humanitaria de EE.UU o Canadá. Viejos carteles oxidados que casi ni se leen. Cada tanto nos cruzamos con alguien en moto o algún grupo de niños.

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Plantación de cebolla vista en movimiento desde la camioneta

Llegamos a media tarde. Hay casas de adobe y paja, arquitectura original Dogon. Todos nos miran pasar. Nos alojamos en un albergue donde hay una casa a un lado y del otro una construcción con tres o cuatro habitaciones contiguas. Un lugar para un fogón y un pozo con agua. Todo el terreno es bastante grande y está delimitado por un muro de piedra.

OGOSSOGOU

Dejamos el equipaje y rápidamente caminamos hacia el pueblo vecino de Djiguibombó, llamado Ogossogou, para conversar con uno de los referentes religioso-espirituales antes de que se vaya el sol.

En el camino pasamos por una plantación de pequeños pimientos rojos donde un señor corta los tallos para que estén presentables para vender en el mercado de la ciudad de Bankass. A veces los intercambia por mijo. Éste cereal es uno de los alimentos más importantes de la región. Forma parte de la dieta diaria, pero no se cultiva suficiente en Djiguibombó, que parece más abocado a las cebollas y pimientos. Los terrenos no se compran, te los otorgan cuando estableces un núcleo familiar. Le entregamos algunas nueces de kola como a cada anciano o anciana que cruzamos, recibiendo siempre de su parte un «Ambiayere», «bienvenidos».

Luego pasamos por la «Toguina«, centro de reuniones para los debates y discusiones. Está construido con el techo bajo para que todos permanezcan sentados y mantener la horizontalidad en la discusión. En caso de enojarte y levantarte, te golpearás la cabeza. Solamente los hombres pueden estar allí.

El saludo Dogon dura un buen rato. No es un simple «Hola ¿Qué tal?«, sino que se acostumbra preguntar por varios miembros de la familia. Al final son como unos cinco minutos de saludo. Aprendemos palabras claves en idioma Dogon: saludos como Seoé, Neaulé, Amí Amí, Iapogoé, Apó.

Djibril nos presenta Ogossogou como un pueblito de religión animista en un 90 por ciento. El resto, musulmanes o católicos. En la religión Dogon, el Ogon es el líder espiritual más veterano, y el Molono es otro referente, pero aún no es el más viejo. Viene a ser el rango previo a Ogon, al que se llega con la edad. Ambos cumplen la tarea de poner su cuerpo, mente, tiempo y palabras para ser quien conecta a través del fetiche, con Ama, nombre dado al dios Dogon. El fetiche es aquello que se utiliza como instrumento para esa conexión: una piedra, una estatua, un montículo de tierra. Le energía del fetiche y la sabiduría del Ogon permiten conectar con ese Todo, que lleva un nombre: AMA.

En la explanada principal de Ogossogou encontramos un montículo de tierra. Antes de la invernada, la época de lluvias, se le vierte encima sangre de algún animal o crema de mijo como ritual. Durante esos meses no cosecharan nada y vivirán de las reservas. 

El Molono de Ogossogou tiene 104 años Dogon. La semana es de cinco días. La Guina se le llama a la casa donde vive el jefe espiritual del pueblo. En su fachada se hacen espacios huecos para guardar allí los medicamentos tradicionales. La gente va a la Guina a ver al anciano para que dedique oraciones o sacrificios y ayudarles a resolver sus inquietudes o problemas.

Durante esta entrevista aprendemos que los rituales animistas se practican desde la época del Imperio Mandinga. Se vierte la sangre del animal sacrificado sobre el fetiche para llamar a Ama quién se comunica a través del “Djeni” (como si fuera un espíritu intermediario). Al Djeni «lo sentís como un humano a tu lado«. “On dirait que les paroles viennent des ancetres, («parece que las palabras vienen de los ancestros«). El viejo escucha las palabras en su oído, como si tuviera a Ama a su lado pero no lo ve. «Son la palabras que vienen…»

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Anda Yebeze, Jefe Espiritual de Ogossogou

Cuando se invoca a Ama por algún problema o situación menor, no hay música. Ésta se usa en las ceremonias grandes: un nacimiento, un funeral, un casamiento, etc. La música ritual tiene su propio idioma, el Siguí, diferente al idioma Dogon que se usa en la vida cotidiana. El Siguí está reservado a los hombres que ejecutan los instrumentos musicales o participan de la danza de máscaras mientras cantan. Se aprende en el momento de la circuncisión, momento importante en la vida de todo joven Dogon. La misma se realiza a campo abierto, lejos del pueblo. Los adultos se van con los que están entrando a la adolescencia y pasan varios días fuera. Allí se les hace la circuncisión y se les enseña esta lengua sagrada. 

Durante esta entrevista los niños y niñas del pueblo se acercaron para escuchar. De alguna forma sentí que nuestra presencia le dio a éstos la oportunidad de sentarse a escuchar al hombre, sentados alrededor de él, aprendiendo como en un salón de clase.

Me doy cuenta que en mi vida hay un antes y un después de esta entrevista. Encontramos algo genuino, ideas y creencias que se remontan a la profundidad de los tiempos. Hasta aquí habíamos transitado ciudades que dentro de todo se enmarcaban dentro de un contexto capitalista normal. La diferencia estaba en los hábitos de vida y costumbres de la gente. Pero ahora todo es distinto. El aislamiento de estos pueblos, sin presencia del estado, sin policía, sin dinero, hace que de verdad me sienta en «otro mundo». Además, todo un paradigma de creencias y de trabajo de la energía que se escapa de un simple entendimiento racional.

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Volviendo a Djiguibombó a pasar la noche

Al caer el sol nos volvimos a Djiguibombó rodeados de unos cuantos niños que no le quitaban el ojo a su propia imagen en las pantallitas de las cámaras

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Despidiéndonos de la chiquillada de Ogossogou

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