Mauritania 1/5: Nouadhibou

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Luego de la frontera Marruecos-Mauritania atravesamos unos cuantos kilómetros de arena, pueblos pastores, cabras y una vía de tren antes de llegar a Nouadhibou, capital económica del país.

Cuando el territorio era dominado por Francia, se construyó una vía férrea desde las minas de hierro desierto adentro hasta este lugar, estratégico por su puerto. Hoy en día es un punto de parada en la ruta de la migración desde el sur del Sahara hacia Europa. En ese momento no sabía nada de eso.

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Atravesando Nouadhibou

Entrando en la ciudad

Seguimos la ruta, que nos termina derivando en una especie de calle transitada en doble sentido. Son las últimas horas de la tarde. No sé por qué, me esperaba algo más lúgubre pero la veo llena de vida. Miro la gente tratando de disimular que la estoy mirando. No pasamos nada desapercibidos, evidentemente, pero intento no mostrar demasiado desconcierto ni dar pruebas de que no sabemos ni dónde dormir. Hay muchísimos comercios: ferreterías, talleres mecánicos, alimentación, de todo. También varios edificios en ruinas. La arena va y viene, se acumula en los bordes de las aceras, se impregna en las túnicas y los ojos.

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Cerca del albergue

Al ratito, una casa con un cartel de hotel restaurante chino. En la segunda planta un balcón largo. Parece que las habitaciones dan a ese balcón porque tiene varias puertas-ventana. Golpeamos y demoran en responder. Una china nos abre la puerta pero se niega a alojarnos. No entendí si es que no tiene lugar o no quiere. A unos metros de éste lugar un hombre vende ropa en un puesto ambulante. Nos ponemos a hablar. Se llama Samba, senegalés, unos 50 años. Nos indica un hospedaje al cuál nos lleva él mismo, a unas tres calles. Alquilamos una habitación dos noches.

En el albergue «Sahara» conocemos a Momo, un chico que trabaja allí. Es de Bamako, Mali, primer destino de este viaje.

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Cuando cae la noche nos acercamos al puesto de Samba y lo invitamos a cenar. Vamos a un bar y comemos pollo con arroz, ensalada y papas fritas. Nada de alcohol pero si una bebida de manzana llamada “Poms” que se volverá nuestra bebida preferida. Aprovecho el wifi del bar para conectar con mi familia y amigos. Anda lento pero al menos logro dar noticias y decir “feliz cumpleaños” a mi madre y a un amigo.

  • Momo en el albergue aprovecha para reparar calzados

Volvemos al albergue. Nos reencontramos con Momo. Mi amigo le pregunta para comprar un vino, él dice que sabe dónde. Caminamos por la oscuridad del barrio. Entre la arena y el cielo estrellado, construcciones de un ambiente iluminan nuestro camino a través de sus ventanitas y rendijas. La misma mañana que atravesamos No man’s land, se transformó en una noche de angostos pasadizos de arena en un laberinto de casas.

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El barrio del albergue por la mañana

Historias de vida… bajo control

Momo llama a una puerta y luego de quitarnos el calzado entramos. Una lámpara ilumina unas paredes de bloques grises a la vista, unas alfombras de elaborados diseños en el suelo, un niño que duerme en un colchón y dos chicas de unos 16,17 años. Está lleno de mosquitos. Poco a poco vamos hablando y tomando té a la menta. Momo se queda un poco aislado. El tema del vino creo que ya fue, no va a aparecer.

Al rato cruzamos el pasadizo de arena y pasamos a otro ambiente, con colchones y almohadones sobre sofás de mimbre, alfombras en el piso, paredes y techo. Más colorido y confortable. Una chica es más tímida que la otra. Ésta última habla de que su deseo hoy en día es encontrar alguien (un hombre) que la saque de Mauritania y la lleve a Francia. Que allí no es libre. Que deciden por ella. Trato de darle ánimo para que rompa con eso ya que además de sentir pena e injusticia por la situación me molesta aún más que su única «esperanza» esté condicionada a un hombre «salvador». Esa es la solución dentro de ese mismo sistema de creencias. Pero claro, yo, un hombre blanco de país laico, con educación, en verdad ¿) ¿qué puedo saber de lo que me cuenta? Intento darle argumentos para que piense «fuera de la caja», como un amigo más.

De pronto da la sensación de que hay algo montado, escenificado. Nos miramos con el dile y en español comentamos que hay algo raro, oculto en esta reunión sorpresa, aunque dudamos de lo que pensamos. De todas formas pienso que lo que la chica me contó es verdad y es una realidad. No fue un invento sino quizás, el momento más sincero que tuvo. Al final ya se hizo tarde, Momo parece arrepentido y comienza a decir para irse. Nos vamos. Nos confiesa que nos llevó allí para que estemos con las chicas por dinero, o lo más similar a eso posible. El sexo y la compañía a cambio de billete es algo que en este viaje vi por todas partes. ¿Será que es más normal de lo que estoy acostumbrado o es que no aquí no se esconde como un tabú?

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Día 2

Pasamos el día en Nouadibhou. De mañana lavamos ropa e invitamos a Momo a almorzar un pollo a la parrilla al estilo uruguayo. Comimos felices. Más tarde fuimos a imprimir planillas con nuestros datos para los controles militares de la carretera.

Caminamos por una calle que nos lleva hasta la principal. En la primera abundan los talleres mecánicos. Un festival de ojos que nos miran. Parecemos modelos de pasarela. El fierrerío se esparce desordenado por toda la cuadra. Todos nos miran, a veces saludamos pero no siempre nos lo devuelven. Creo que causamos tanta sorpresa que algunos no saben ni como tratarnos. No hay otros blancos caminando más que nosostros.

Pasamos a saludar a Samba. Luego de imprimir las planillas en una papelería vamos hasta un cajero automático a sacar dinero. En la puerta del banco nos conversa un directivo del mismo. Nos dice que en Mauritania es seguro pero que en Mali tengamos cuidado. Le digo que en España nos decían “cuidado en Marruecos”, en Marruecos nos decían “cuidado en Mauritania” y que ahore él nos dice eso. “Siempre son los otros”, le digo en tono de gracia. Riéndose me dice, “tenés razón.”

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Llegando al banco

Buena vibra

Regresando al albergue dos niños vienen caminando en dirección opuesta. Después de mirarnos mutuamente, cuando nos cruzamos le hago a uno un ademán con la cabeza, de arriba hacia abajo, como saludando. El niño al mismo tiempo se agarra las manos, una mano toma la otra como un saludo normal entre dos personas, y alzándolas un poco me hace una especie de reverencia sin bajar su mirada y después se toca el corazón. Me encantó la buena vibra que sentí y creo que desde allí supe que no pasaría nada en las rutas.

En la tarde, tomamos té de menta en el cuarto del Momo. Una pequeña y oscura habitación a la entrada del albergue, un colchón en el suelo, los implementos para el té y una tele. Recibe la visita de otro maliense que trabaja y vive en Nouadhibou. Hablamos. Vemos de reojo un partido de la liga española. Un delantero uruguayo hace dos goles. Al otro día, salimos de Nouadhibou rumbo a Nouakchott.

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Saliendo de Nouadhibou

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