Isla de Lin Lin – Chiloé – Sur de Chile

0 Flares Facebook 0 LinkedIn 0 Filament.io 0 Flares ×

Viaje a una isla del sur de Chile

Al sur de Chile y del Océano Pacífico, se encuentra el archipiélago de Chiloé. En este conjunto de islas existe una pequeñita y poco nombrada: LinLin. La profesión más común allí es dedicarse a la industria del salmón, para una gran empresa, en los criaderos. Antes pescaban, hoy crían en jaulas debajo del mar. Esta es una de las experiencias más “caminantes” que he tenido.

Playa y muelle de Achao, Chile.
Playa y muelle de Achao, Chile.

La paz es absoluta, paz. El azul del mar, azul. Mar. Lo sobrevuelo con la mirada, veo mi cuerpo zambullirse desde el celeste, atravesando el agua. Esas ideas me acercan inocentemente hasta el navío bamboleante atado al muelle. El capitán del barco me mira extrañado, con los ojos entrecerrados por la fuerte luminosidad atrapada en el aire de la costa. ¿A dónde va?// A LinLin.// ¿Está bueno, hay algo?// Campo.

Me conforma la respuesta y subo al barco. Arreglamos un precio. En el trayecto puedo apreciar los volcanes diferenciándose de las montañas cerradas.

Volcán visto desde la embarcación.
Volcán visto desde la embarcación.

Tras atracar con facilidad en el muelle de Lin Lin me despido y rápidamente me interno en la isla. Inconscientemente busco esconderme por un rato. Me doy cuenta que mi presencia allí no pasará desapercibida para los lugareños, por lo que sin quererlo, bajo la excusa de la curiosidad, me meto por el primer camino, pegado a la iglesia.

 

Hay manzanos en abundancia, copas de árboles llenos de frutos rojos colgados sobre troncos estancados en los jardines ocultando tras de sí las casas. El barco volvía a la isla dentro de cuatro días, así que mis próximas 96 horas serían si o si, en Lin Lin. Ahora sí, consciente del peligro, no sé cual pero alguno me invento, camino desconfiado, a la defensiva, sin evidenciarlo, atento, por las dudas. Igual no aparece nadie. El aire está limpio, el sol brilla, el lugar tan agradable… El terreno empieza a subir y el camino desemboca en el cerco de una casa. Desde allí viene Manuel Millán, 40 años, pescador en Punta Arenas seis meses al año, hijo de Isolina Millán Millán en Lin Lin los otros seis meses. Soy descubierto. Mezcla de reserva y alegría siento. Manuel MiIllán me pregunta quién soy.//Soy Pablo, soy uruguayo, de Montevideo, vine a visitar// Bueno, quédate en casa, ella es mi madre. nosotros ahora volvemos, podí pasar.

Desconfío de lo que oigo. No puedo evitar sentir una especie de complot en tan sencilla conversación, “pero qué complot si ni siquiera me esperaban, no”.

-Puedo acampar en el jardín.

Manuel insiste levemente en que me quede adentro pero su esfuerzo es inútil. Armo la carpa bajo la atenta mirada de dos sorprendidos lugareños que allí estaban, al lado del galpón de Manuel Millán, tomando chicha de manzana.

Una horas más tarde, acompaño a Manuel al almacén donde soy presentado ante los que allí estaban. Tomamos cerveza y fumamos cigarros. Me convidan con un exceso de amabilidad jamás experimentado. Ya me tocó aprender a fiarme de la benevolencia extrema de la gente, hasta que Luis, el almacenero, pregunta a uno de sus hijos allí presente, unos años menor que yo.

–  ¿Tu te irías a Montevideo, así sin saber nada, ni conocer a nadie?

El muchacho abre los ojos desconcertados, me los muestra exageradamente, y responde negativamente.

-Nosotros estamos agradecidos y nos sentimos honrados con tu visita. Nadie ha venido así a Lin Lin, menos de otro país, nadie.

La Auracaria (árbol pehuenche-mapuche y considerado el árbol nacional de Chile) junto a una palmera en el frente de la casa de Isolina Millán.
La Auracaria (árbol pehuenche-mapuche y considerado el árbol nacional de Chile) junto a una palmera en el frente de la casa de Isolina Millán.

Desperté lo más tarde posible, quizás por respeto, esperé a que Manuel e Isolina lo hicieran primero, sin alterarlos. Me invitan a desayunar y luego ayudo a Manuel a cortar leña al son de Radionahuel Chiloé.

Luego un paseo por la isla, una cerveza que al terminar Manuel tira en el verde suelo sin complejos ambientales, hablamos del salmón, tan abundante pero en peligro, de la vida de Manuel, de la mía. Yo pregunto cosas sobre los mitos de Chiloé, “pura fábulas”, responde él. Manuel me comenta que luego del almuerzo hay que pintar la tumba del hermano para prepararla para “la novena”. La Novena es un rito de conmemoración para recordar al fallecido. Empieza nueve noches antes del aniversario de muerte en las cuales se come, se bebe y se reza. La familia del fallecido se encarga de organizar la novena, en la que participa toda la comunidad. Siento un compromiso importante y algo de extrañeza al pensar que yo, un total desconocido, deba apoyar el pincel sobre esa tumba que luego será observada por todos. Al fin llegamos a la casa e Isolina tenía la comida pronta.

El cementerio era magia. No la había visto el día anterior, frente a la iglesia, en la playa. El cuidador, la cerveza y a trabajar. “Vos que tenés mano fina hacés los bordes con el negro, yo pinto de blanco” me dice Manuel. Nervios. “No puedo fallar, no quiero fallarle”.

Yendo al cementerio
Yendo al cementerio

 

Cerveza de por medio, el trabajo fue un éxito y hasta dio para un paseo por la playa y jugar con unos niños.

A la noche ceno con Manuel e Isolina mirando la telenovela “¿ Dónde está Elisa?”. Una serie dramática, llena de envidia, ira, dinero, ambición y maldad urbana. En ese momento no entiendo el interés de Manuel e Isolina por esas vidas tan dispares que se les muestra en la televisión. “Lo fantástico de lo ajeno lejano”.

El tercer día la tarea fue pintar el barco de Luis, el almacenero. La embarcación debía estar sana para proveer el almacén y la isla.

Después de eso, soy invitado a comer curanto, el plato típico de Chiloé. Se trata de vegetales, algo de carne y moluscos cocinados en un pozo en la tierra sobre piedras calientes y bajo las gruesas hojas de pangue. Para eso se hace un fuego que al consumirse deja caliente las piedras y allí empieza la cocción. En este caso por comodidad no fue en un pozo, sino en un medio tanque, así tal cual se lo hacen para ellos mismos hoy en día.

Después de la degustación de curanto vamos al cumpleaños del hermano mayor de Manuel. Hombre reacio a mi visita, a la  cámara de fotos y a todo lo que viniera de mí. Tras comer algo de cordero, jugar con los niños de la playa que resultaron hijos del cumpleañero, éste se enfada y empieza a mostrar su desagrado frente a mi presencia. Manuel y Luis me defienden levemente pero entendiendo que es mejor que me vaya.

Me quedo fuera de la casa  y al rato salen Manuel y Luis. Me explican que el cumpleañero fue estafado por un gringo, y que desde esa vez, no le gusta ninguno. “Bueno, algún día se le pasará el rencor” pensé. Recordé que bajo su punto de vista, soy un gringo. La noche siguió con chicha de manzana y cerveza, bajo las estrellas, deambulando por la isla y pensando proyectos turísticos con Manuel y Luis.

No recuerdo cuantos días más estuve en Lin Lin, pero debí partir antes de la novena. Me fui en la barca que me trajo, sabiendo de haber conocido una gente a la que aún hoy considero “una joya de la humanidad”.

Niños de Chiloé. Chile
Niños de Chiloé. Chile

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *